Parece que fue ayer.

Ya ha pasado un año, hace poco empezamos la residencia y hoy somos oficalmente residentes de segundo año. También hay nuevos R4 que ven la luz al final del tunel y los nuevos R3, que si el año pasado creían que esto de la residencia acaba de empezar, hoy con el tres a la espalda piensan que esto se está empezando a terminar. Y es que parece que fue ayer…

Te suena la frase, ¿eh? Seguro que la has oído muchas veces y en diversas circunstancias. La cuestión es que la frase se repite y a menudo: Parece que fue ayer cuando terminé la facultad, la residencia, que fue ayer cuando estaba en el instituto, cuando me casé, cuando hice aquel viaje que hasta hoy no puedo repetir, parece que fue ayer cuando tuve mi primer hijo, ayer cuando te conocí y ayer cuando viví algo que hoy me resulta próximo aunque cada vez más lejano. Aunque similar, cada momento es diferente en los matices y sobre todo en el tiempo. Y el tiempo no para.

La vida pasa rápido y, como decimos entre mis amigos, venga dale para adelante que la muerte está aquí ya. Sí, todo decimos “hay que aprovechar que vida solo hay una”, pero no creo que seamos profundos al respecto. Por una parte eso está bien, la muerte es un hecho natural que nos sucederá a todos y de ahí esa posible banalización del “evento”, pero en verdad le tenemos miedo y lo que haces es pasar de puntillas y algunos creen en la vida eterna del más allá. Para mí, todo respetable. Sin embargo, desde mi punto de vista, deberíamos asumir la temporalidad de nuestra existencia, aunque también nuestra insignificancia. Y en esto último hay más puntos de vista diría yo, pero para mí, en este universo no somos literalmente nada y nada hay luego, al menos con las evidencias que manejo no me puedo creer lo contrario. Asumir la insignificancia de nuestra existencia no es fácil, por ello una pedagogía de la muerte, y por qué no de la salud, es necesaria desde el colegio. Ganaríamos en vivir los diferente eventos y etapas de la vida de una manera mejor.

Cambiemos la óptica. Démonos cuenta de verdad que esto pasa rápido y disfrutemos de la residencia y de todo en general perdiendo el miedo a vivir. Perdiendo el miedo a viajar ese sitio que no fuiste porque nadie te quiere acompañar, el miedo a aprender a tocar un instrumento musical porque ya estás “criado”, el miedo a conocer a los demás vaya a ser que enamoren de ti, el miedo a tomar tus decisiones aunque te salga mal, el miedo a escribir en Facebook sobre cuestiones importantes, el miedo a creer que no se pueden cambiar las cosas y no volver a votar al PPSOE, el miedo a no seguir la inercia. Son ejemplos para decir que la vida hay que aprovecharla y hacer lo que a uno le gusta o cree que es digno de valor, porque somos breves. Como leí en un libro de aventuras africanas de un filósofo llamado J.A Tarifa: “La muerte no me arrebatará lo más importante de mí mismo porque eso yace repartido entre las pesonas que amé, en los libros que leí, en los lugares de los que me maravillé… y ellos legarán a su vez lo más preciado que posean. La muerte solo se lleva un muerto”

Persigamos de verdad nuestros sueños.

 

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Residente de Radiodiagnóstico. H.R.U de Málaga. Avda. Carlos Haya s/n. 29010 Málaga.

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